| Lunes, 23 de Agosto 2010 |
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Ante las preguntas de: Ser infiel ¿es un hábito adquirido o una necesidad fisiológica? ¿Hay investigaciones científicas que lo demuestren? En primer lugar, para hablar de “infidelidad” debemos primero definir la fidelidad. La fidelidad es una pauta cultural que depende de tiempo y espacio, ya que en diferentes épocas históricas el concepto de “fidelidad – infidelidad” ha cambiado, y en el mismo tiempo histórico, en diferentes espacios geográficos, los conceptos son variables. Hay culturas en que a la infidelidad femenina se la castiga con la muerte por lapidación (actualmente en ciertas culturas musulmanas) y en otras se toma como una posibilidad de la vida de relación. Por lo tanto, el hecho de ser fiel, es una pauta impuesta por nuestra cultura judeo-cristiana que considera que la relación sexual se debe tener exclusivamente dentro del matrimonio y con fines reproductivos. Sin embargo, la naturaleza no ha dotado al ser humano de un sentido absoluto de monogamia y fidelidad, por el contrario, el instinto es más poligámico que monogámico y no hay evidencia científica que determine que la naturaleza hizo al ser humano monógamo y que, por lo tanto, esté fisiológica y psicológicamente preparado para ser fiel. Lo que sí ha dotado la naturaleza a la pareja humana es un sentido de pertenencia y estabilidad emocional y erótica muy fuerte que dura entre 5 y 7 años, el tiempo necesario para poder cuidar la cría y asegurar la perpetuación de la especie. Emplear las palabras “fiel” o “infiel”, para describir un comportamiento cotidiano, universal y mayoritario, no es lo correcto, ya que “fiel” o “infiel” tiene mucho más que ver con una categoría divina (es fiel quien tiene fe en Dios, es infiel quien está fuera de la comunidad de los fieles) que con la descripción de un práctica humana. Por lo tanto, de por sí, el término es peyorativo y partiendo de esa base, todo lo que se opine al respecto será negativo. Lo siguiente a definir es si la infidelidad es "natural" o ha sido "naturalizada" y si es, como se dice, muy frecuente, por qué provocaba tanto rechazo. Ante esto debemos aceptar que el concepto de fidelidad absoluta, desde siempre y para siempre, está cambiando. Ya se acepta el divorcio, la posibilidad de tener nuevas parejas y la licitud de convivir con alguien que tiene una historia sexual con varias parejas anteriores. Esto era impensable hace solamente 50 o 30 años atrás. Por lo tanto, de a poco, se va incorporando en la cultura el hecho de que mi pareja pueda gustar y tener fantasías y hasta algún encuentro sexual. El gran problema son los celos, el sentido de pertenencia. Cuando se solucione el problema de los celos (que es el gran escollo sobre el cual es muy difícil teorizar) se superará el problema de la infidelidad. Mientras existan los celos y el sentido de posesión (es “mi mujer”, es “mí” marido) el conflicto seguirá presente.
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